domingo, 16 de diciembre de 2007

Jose antonio navarro



Detienen a un inválido que iba en camilla
por la autovía hacia un burdel
El tetrapléjico de Ferrol,
que se había confundido de camino,
circulaba a 20 kilómetros por hora
José Antonio llegó a recorrer

dos kilómetros por la autovía.


José Antonio Navarro, un ferrolano de 42 años atado a una silla de ruedas desde su más tierna infancia, no tiene pudor al relatar el incidente que protagonizó el viernes pasado, cuando la Policía Local del municipio coruñés de Narón interceptó su camilla motorizada en la autovía que une Ferrol y As Pontes. Cuando le pillaron, ya había recorrido dos kilómetros: «Me había salido del camino correcto al club Jade. Como no podía dar la vuelta para evitar accidentes, tiré todo hacia adelante», comenta el hombre, de etnia gitana. Por si era poco el asombro de toparse en esa carretera con un vehículo no homologado que circulaba a 20 kilómetros por hora, los agentes se encontraron con la desarmante sinceridad del tetrapléjico, que les explicó que se dirigía a contratar los servicios de una prostituta.Él alega que no hay motivos para el sonrojo: «Estar atado no significa que no se tengan ganas de desahogar». José Antonio, un hombre refugiado en la pintura, tiene dificultades para entablar amistades en el Centro de Atención de Minusválidos Físicos, donde reside desde hace una década. Para mantener relaciones sexuales sólo le quedan dos vías: la imaginación y la prostitución. Sobre la primera, confiesa abiertamente que su mayor sueño es tener una novia e irse a vivir con ella a un piso bajo, accesible. «Me gustan morenitas -afirma, aunque no acierta a quedarse con ninguna famosa como ejemplo-. Hay tantas... Eso sí, Elsa Pataky no me gusta por coqueta».Con respecto a la segunda opción, admite haber recurrido al club de alterne de su ciudad natal en dos ocasiones. La primera vez no pudo subir a las habitaciones porque el lugar no está «preparado» para su silla; la segunda, ya se sabe, la Policía lo cazó antes de hora. Pese a su timidez, José Antonio se muestra «contento» de salir a la luz y gritar a los cuatro vientos que es una persona normal, con las mismas necesidades que cualquiera y dispuesto a seguir buscando soluciones para su escasa vida sexual.José Antonio tiene acondicionada la camilla para gran parte de los menesteres de su día a día: tiene cenicero, mechero, espejo retrovisor, teléfono, auriculares y todo tipo de artilugios manejables con la boca. El vehículo le permite pasear con absoluta autonomía por los aledaños del centro ferrolano y, ahora que sabe perfectamente el vial que hay que coger para entrar al club, quizá le sirva para emprender otra «escapadita». Eso sí, después del «quiqui», como él lo denomina, su deseo es «que arreglen calles y comercios». Porque hay más necesidades.

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