domingo, 9 de noviembre de 2008

relato del kebran en al otro lado del espejo




y cada dia que pasa a este mounstruo se le ve por mas sitios y yo que me alegro una barbaridad.

aqui te pongo el enlace y ademas, por si no te funciona te hago leer este nuevo relato suyo,


LA FELICIDAD


Picaporte pasa las horas ensimismado. Observa el cartel. Ocupa la fachada del edificio situado frente a su apartamento casi en su totalidad. Es un cartel gigante, desde el cual una escultural chica, con la mejor de sus sonrisas invita a Picaporte a un lugar llamado felicidad. Totalmente seducido por esa imagen, que nunca le abandona decide salir en busca de esa felicidad que le promete esa chica desde el cartel.

-Ella es mi felicidad. Es la felicidad

-Repite una y otra vez, siendo esta la única frase que es capaz de emitir.

Sale del apartamento decidido a encontrarla. A encontrar su felicidad.

En la calle camina, con pasos vacilantes, hacia donde se divise mejor el cartel. Picaporte se para ante él. No existe el tiempo para Picaporte ahora. En estado de ensueño total. Pero una voz le despierta de su letargo.

-Tú también la estás buscando, amigo.

La voz corresponde a un hombre de mediana edad, vestido con una gabardina gris, mal afeitado, con el pelo revuelto y los ojos con un cansancio de siglos.

-Sí. Ella lo es. Intenta encontrarla por todos los medios, amigo. Lo leo en tus ojos. A mi me sedujo hace tiempo y lo dejé todo por ella. Por mi felicidad. Aunque en mi caso no fue esa chica que nos mira desde el cartel. Yo caí rendido ante la ginebra. Me pasé días enteros contemplando las botellas en los bares, y en un momento dado, la seducción fue tan brutal, tan íntima, que, al igual que te pasa a ti, sólo repetía esa frase una y otra, y otra vez, La sensación que tienes la conozco muy bien. Quizá mi aspecto te repugne, como a los otros, pero créeme si te digo que puedo ser uno de las personas más dichosas del planeta porque siempre tengo mi particular felicidad conmigo. Estos ojos con cansancio de siglos que poseo son el fruto de adorar a mi felicidad. Vamos a entrar en ese santuario donde habita mi néctar sagrado.Entraron en un bar, donde al amante de la ginebra es recibido con gran algarabía por parte de los clientes. Picaporte sigue repitiendo la frase una y otra vez. El hombre de la gabardina ordena silencio.Todos lo escuchan:

-He aquí a un hombre en busca de la felicidad. De su felicidad. Cada hombre, cada mujer posee una felicidad concreta. Una necesidad que nace en una persona en un momento concreto. Saben, y muy bien, que ése es su camino. Pero pocos se atreven a escuchar ese mensaje. No los culpo. Sólo unos pocos se atreven a dar ese paso, olvidando para siempre bienes materiales y esa vida que se califica como “normal”. Para ser feliz se necesita sacrificio. Soy inmensamente feliz porque yo descubrí mi felicidad, que no es otra que ese líquido cristalino con aromas de enebro que abunda en este lugar. Sólo los no felices son aquellos que no entienden a la ginebra y se escudan en sus efluvios para olvidar su mediocridad y, a consecuencia de ello, destruir familias. Soy inmensamente feliz al saber que esta persona que me acompaña ha encontrado su felicidad. Y a partir de ahora en cuanto salga por esa puerta va a encontrarse con toda vuestra indiferencia, con vuestro desprecio, con vuestra envidia, con vuestra ira, con todas vuestras “maneras de vivir”. Amigo. Lucha, ante todo y ante todos, por conseguir esa felicidad. Tienes la oportunidad de ser feliz. No va a ser un camino fácil, pero no dudo que lo vas a conseguir. Ahora, brindemos por la felicidad de ambos. Tú conseguirás a esa chica del cartel. Yo, de momento, voy a tomarme contigo una ración de mi felicidad particular.

Toman un par de ginebras dobles. Picaporte se despide de este hombre tan misterioso. Sale decidido a buscar su felicidad.
¿Logrará encontrarla?


Andrés Ramón Pérez Blanco
(El Kebrantaversos)

1 comentario:

kebrantaversos dijo...

muchas gracias, gran Dioni, tu sí que lo eres, muy grande.
un abrazo
el kebran