sábado, 15 de diciembre de 2012

Mañanas de Domingo


 
Tú tiras por el balcón
El libro de Unamuno
(El mío)
Y ese del príncipe Maquiavelo
(El tuyo)
Destrozando mi sonrisa a tu paso.
Al igual que ese vestido rojo,
Fielmente guardado
Para un día especial.
Y es que el pasillo ya no sostiene
Más cosas en el suelo.
Ni una sola cosa más.
A veces, son así,
Aunque no lo busques,
Las acaloradas frías mañanas
De domingo.